El Líbano fija para marzo las elecciones parlamentarias

El Parlamento aprueba el adelantamiento electoral en mitad de una devastadora crisis económica, política y sectaria
Aoun

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El Parlamento del Líbano ha fijado este martes las próximas elecciones legislativas para el 27 de marzo de 2022. La decisión, aprobada en la Cámara baja durante su primera sesión ordinaria desde septiembre, adelanta dos meses la fecha prevista para evitar que la cita coincida con el mes sagrado de Ramadán. La anticipación electoral se produce, además, en un contexto de profunda crisis económica, política y social. Una semana después del estallido de la violencia en las calles de Beirut.

La última sesión acabó otorgando un voto de confianza al nuevo primer ministro, Najib Mikati. En esta ocasión, sin embargo, en el Palacio de la UNESCO de Beirut, sede parlamentaria improvisada, se introdujeron nuevas enmiendas a la ley electoral relacionadas con la aprobación de la participación de la diáspora libanesa en los comicios, la cancelación de una cuota mínima de escaños reservados para las mujeres o el uso de grandes centros de votación y tarjetas de voto magnéticas.

La Cámara, compuesta por 128 diputados, rechazó asignar un número de escaños mínimo para las mujeres, una de las principales exigencias que venía pidiendo la sociedad civil, pese a la postura del presidente Michel Aoun. El jefe de Estado trasladó a la Comisión Nacional de Asuntos de la Mujer Libanesa su respaldo a la fijación de las cuotas. Una tesis desestimada por el Parlamento.

Mikati
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Durante la sesión se votó a favor de permitir el voto de los ciudadanos libaneses en el extranjero, hastiados de los partidos políticos tradicionales. Una medida polémica por las posibles implicaciones que tendría su participación en la acuciante división sectaria que asola al Líbano. Los observadores estiman que este grupo podría desestabilizar el castillo de naipes que hace las veces de estructura política, cimentada sobre una partición del poder entre las distintas confesiones religiosas presentes en el país.

Gebran Bassil, presidente del Movimiento Patriótico Libre al que pertenece Aoun, ha cargado contra la eliminación de las cuotas para las mujeres y ha anunciado que su formación presentará un recurso al Tribunal Constitucional para tumbar el adelantamiento de los comicios, una competencia que Bassil atribuye a la Presidencia y no al Parlamento. Aunque a priori, la nueva fecha parece inamovible.

Empieza la cuenta atrás para el Ejecutivo liderado por Mikati, la figura más acaudalada del Líbano, quien tendrá cinco meses para poner en marcha un sólido plan de recuperación económica que saque a flote al país. Una tarea compleja en la que contaría con el respaldo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y en la que tendrá que paliar sí o sí la escasez energética, el colapso económico y la profunda división social.

Líbano violencia
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Hasta la llegada de los comicios, Mikati ha descartado dimitir. Salvo hecatombe, el empresario mantendrá su puesto al frente del gabinete hasta que un nuevo primer ministro reciba el voto de confianza del Parlamento y forme Gobierno. Un periodo que amaga con extenderse a tenor del reciente bloqueo institucional, que mantuvo al Líbano más de un año sin jefe de gabinete desde la dimisión de Hassan Diab tras la explosión en el puerto de Beirut.

El trágico suceso, que acabó con la vida de 200 personas, hirió a unas 7.500 y destrozó multitud de barrios de Beirut, no ha sido esclarecido un año y medio después. El primer juez que empezó con las pesquisas, Fadi Sawan, colisionó con el inamovible servilismo del Estado libanés, caracterizado por sostener una estructura corrupta donde proliferan las malas artes y la total impunidad. La presión política desembocó en su destitución al frente del caso en febrero.

Tarek Bitar sustituyó al magistrado y avanzó en la investigación. Un hecho que levanta recelos entre la élite libanesa por la posible sentencia judicial, que acarrearía una serie de consecuencias penales para varios altos cargos del Gobierno vinculados al movimiento Amal, próximo a la milicia chií de Hizbulá. Por este motivo, las organizaciones pusieron en marcha una protesta en Beirut contra el magistrado, donde comenzaron los altercados que acabaron con la vida de siete personas.